Cuando en otoño se hiela el aire y se calienta el corazón.
Instrucciones para disfrutar una ciclogénesis
Cosas muy mías como saber disfrutar de una ciclogénesis en Galicia.
1. Refúgiate de la lluvia bajo la manta.
2. Haz clic simultáneamente en: Rainy mood + La petite fille de la mer y escucha con los ojos cerrados.
3. Piénsame. ☔💜
Universo de emociones, tu mapa interior
Universo de emociones es el nuevo proyecto colaborativo entre el divulgador Eduard Punset, el profesor Rafael Bisquerra de la Universitat de Barcelona y el estudio valenciano de diseño PalauGea.
En él se unen ciencia y arte, ¿qué más se puede pedir? Además de una creación visual bella es un interesantísimo tratado sobre las emociones humanas.
Con este universo de líneas y estallidos cromáticos podemos comprobar qué sentimientos nos generan determinadas situaciones y cómo interactuamos con ellos.

Este mapa con 307 emociones nos permite conocer y gestionar lo que llevamos dentro. Así que ya sabes, si sientes que Diógenes se apodera de tus adentros, échale un vistazo a este espectacular mundo emocional.
«Para poder desplazarse dentro del Universo de Emociones es importante conocer su estructura y saber qué elementos vamos a encontrarnos en él, como las galaxias, las emociones, los cometas y los diferentes tipos de líneas, así cómo el significado de la saturación de los colores.
Para entender cómo funciona el mapa te explicamos en qué consiste cada componente y qué relaciones guardan entre ellos.»
¿Cómo funciona el Universo de las Emociones?
Moleskine: el poder de la palabra no escrita
Moleskine tiene como soporte un potentísimo desarrollo de branding.
Me ha sorprendido, me ha llegado al alma y al corazoncito artístico.
Siempre me han gustado los cuadernos con hojas en blanco. Desde los ocho años aún conservo aquellos en los que garabateaba poesías e inventaba cuentos. Tengo en mis estanterías una colección valiosísima (llamémosla «mis pequeñas joyas») que va desde una libreta de pergaminos que encontré en un mercadillo de segunda mano en Ámsterdam a lo más posh de Ágatha Ruiz de la Prada.
Pero Moleskine tiene algo: no sé si será su aspecto de antigüedad o reliquia, su exagerado minimalismo que parece idílico a los ojos de cualquier creativo o su textura que te hace preveer un capítulo fascinante dentro de cada página.
Lo mejor de todo ha llegado cuando he desempaquetado tres libretas y he surcado con el dedo el interior de una de ellas, que por cierto son desechables, y ha caído sobre la mesa un pequeño librillo con la historia de este cuaderno.
Me he permitido escanearlo y subrayar lo que considero que más engagement me provoca; si es que soy su público objetivo perfecto (y lo sé).

Expertos en la palabra, se nota.
Deliciosa Martha
Crítica cinematográfica
Ingredientes clásicos con un toque especial. Así se revela esta historia de una directora que hace del filme una sabrosa pieza de colección.
Una narración basada en el descubrimiento que Martha, una joven y reconocida chef, realiza al verse al cuidado de su sobrina tras la muerte de su hermana y cuñado.
El punto de flexión, emplazado en la oportuna llegada de un ayudante de cocinero, despierta la confusión envuelta en celos, amor y rabia. Este sofrito se paladea ligero y baja a un ritmo versátil y brillante.
El interior resquebrajado de la persona se desvela como un vacío osco, carbonizado y despoblado, carente de sentido cuando se degusta fríamente. La revelación de la existencia, de un yo propio capaz de aprender de lo cotidiano, descarga un énfasis asombroso en la percepción de lo que nos rodea si la asimilación es la correcta.

La visión conservadora de unas ideas que coinciden con un montaje recatado y fibroso, de sana digestión y vapuleante contenido, esparcen como reliquia en mano una retahíla de consejos substanciales para la vida diaria.
Las actuaciones de los protagonistas no se tercian en desdoblar las personalidades de estos artistas que añaden candidez y sensibilidad al plato vacío, sino que aderezan con miedos y frialdad el hogar creado en la ficción.

El orden temporal, la colocación en cuadro de los elementos cinematográficos y la escueta presencia de ornamento hacen de esta película ideal para toda la familia puesto que se identifican, también en ella, los más pequeños.
DAlgún fallo de guión o su poca explicación dentro del filme agrian este eterno delicatessen. Espero que ustedes, también, sepan comer con los ojos.
Dulce verano
Así me he despertado hoy, soñando con el cielo de Berlin.

Y quizás no sea la casualidad, sino la causalidad con la que te topas al ir caminando por la calle, esperar en la esquina de los cuatro bancos y que las campanas repiquen tan alto que sin saber cómo, alces la mirada y te encuentres de golpe con él.
¿Cuánto tiempo hace que no te veía? En años terrestres, siete o diez. Puede que incluso más.
Se me vienen a la mente esas ideas tan infantiloides de que sigues por aquí, compañero, pero me he despertado hoy y no estabas.
Alex Prager
Entre lo ordinario y lo extraordinario se encuentra Alex Prager.

Me acabo de asombrar al descubrir a esta genialísima fotógrafa ( con «a», en negrita y mayúsculas) que ha trabajado de forma autodidacta toda su vida.


Que se ha recorrido Europa, dicen por ahí, que adquiría e interiorizaba las hojas escritas de algún libro sobre fotografía en cualquier garaje de compra-venta y batiburrillos de segunda mano.


Ha hecho sus pinitos con una cámara comprada en eBay y tiene una sensibilidad especial, y una estética que «yo que sé que qué sé yo», y su manejo del color en el objetivo.
¡Qué brutalidad tan hermosa la de sus ojos tras el cristal!
Como nos dicen en Cultura Colectiva, “el universo en el que se inspira Prager es lo urbano, el mundo de Pulp Fiction, la fotografía de moda y los suburbios surrealistas de Greory Crewdson; en la perspectiva de la identidad femenina de Cindy Sherman, la sensualidad de Guy Bourdin y el drama que Roy Lichtenstein dibuja en el rostro de sus mujeres.
El resultado son instantáneas cargadas de intencionalidad, de deseo, de angustia, de feminidad y melodrama.Esto explica que el adjetivo por antonomasia que acompaña al trabajo de Prager no sea otro que: cinematográfico.

Y es que la sensación que desprenden sus imágenes es que algo está a punto de suceder.”
Microcuento
Tú & yo
Truco
Pasión por el cine
Ocho años han arrugado la manga en la que lo guardaba. Hoy confieso. Le profeso el mismo inmenso amor que el de aquel primer día.
Pasión por el cine.
Si hubiese sido, sería un cartel de cine plasmado en uno de esos papeles que parecen servilleta.
Sería antiguo, ajado, con marcas de lluvia recorriendo la superficie como si fuesen las lágrimas que alguien se olvidó borrar.
Me situaría cerca de una taquilla de esas en las que venden entradas para las películas más novedosas, los últimos estrenos por los que se crean hormas de gente, que apelotonadas, esperan que el último ticket no se lo lleve el de delante.
Y nadie se fijaría en mí.
Pasaría desapercibido por su lado e, incluso, a algunos les sorprendería encontrarme casi intacto en el mismo rincón en donde me habían dejado y aún así, seguirían rumbo a la historia que los transportará lejos de aquí; tan lejos que mientras permanezcan con la mirada estupefacta ante la pantalla olvidarán que todavía existen. Ilusos.
Si hubiese sido un viejo cartel de cine, sería para encontrar, durante el último pase cuando los cinéfilos sueñan en las butacas con la magia de los clásicos -los filmes sublimes, La Esencia-, el rostro que se ilumina al mirarme, el ser indicado que al entrar en la sala no deseé otra cosa en el mundo, más que renacer en forma de uno de esos carteles de cine, ajados por el tiempo, en el que solo unos pocos se son capaces de reconocer.
Mercado de amores
– ¡Amores a rajatabla, guapa! – anunciaba aquella mujer mientras los metía en una bolsa a punto de rebentar.
– ¡Hay amores para todos! – se explicaba – amores enormes y asequibles, de colores; amores de bolsillo y navideños, amores de edición limitada y de pega. Amores simpáticos, ¡niña!, oscuros y con brillo en la mirada ¡Hay amores para todos! ¡no se queden sin amor! – cantaba mientras rebuscaba algunos entre sucias cajas – ¡cómprame amores, guapa! ¡Amores al peso, amores!
«Amores que van y vuelven y nunca se quedan«- o eso pensaba.- Y tan pronto lo presintió, ahí estaba: entre cajas y amores halló el que más ansiaba.


















