– ¡Amores a rajatabla, guapa! – anunciaba aquella mujer mientras los metía en una bolsa a punto de rebentar.
– ¡Hay amores para todos! – se explicaba – amores enormes y asequibles, de colores; amores de bolsillo y navideños, amores de edición limitada y de pega. Amores simpáticos, ¡niña!, oscuros y con brillo en la mirada ¡Hay amores para todos! ¡no se queden sin amor! – cantaba mientras rebuscaba algunos entre sucias cajas – ¡cómprame amores, guapa! ¡Amores al peso, amores!
«Amores que van y vuelven y nunca se quedan«- o eso pensaba.- Y tan pronto lo presintió, ahí estaba: entre cajas y amores halló el que más ansiaba.

