Creer para ver es una opción.
:]
Placer
Madrugar y rodearte de Maestros.
Etea
Dibujar estrellas en el cielo depende de ti. :]
Mi carga es mía
Hacía tramitos del Camino cuando podía, me encanta salir a caminar, por donde sea, a veces redescubrir callejones de esta ciudad, otras la inmensidad del campo. También tengo preferencias, claro, el bosque y las sendas arboladas hacen ‘clic’ conmigo.
Pensaba hoy en que años atrás volví a recorrer la etapa gallega. Llevaba yo acompañantes y todos portábamos mochilas.
Había aprendido, de anteriores ocasiones, a llevar conmigo lo imprescindible para que mi atención en el camino fuese para lo que me apetecía: observar la naturaleza que me envolvía, nutrirme de paisajes nuevos, saberme capaz de hacer.
Curioso el momento en que encontramos servicios que llevan estas cargas de un punto a otro del Camino. – ¡Maravilloso, oye! – Mucha emoción en el grupo, cola para hacer el encargo. Me alegra saberlos aliviados, sin embargo eso no es para mi.
Me gusta mi carga. No muchos lo entienden. 🙂
Hubo innumerables intentos de convencerme, y yo escucho, pero decido convencida que no. – Mi carga es mía. – Quiero llevarla, me gusta llevarla, me gusta saberme así.
Caritas de incredulidad, recordatorios constantes en la avanzadilla, intentos de quitármela porque «cómo van a ir personas fornidas, grandes, fuertes sin mochila y yo, pequeña y más endeble, hasta arriba». No creáis que no veo sus buenas intenciones, vaya, me gusta mucho el mimo, pero veo lo que va detrás de eso «yo sé lo que es mejor para ti e ignoro lo que tú dices que quieres por mi idea de lo que te conviene más o de lo que yo creo que debe ser».
No hay nada más desgastante que tener un revoloteo constante a tu alrededor de «deberías» y «tendrías que…». En momentos así recurro a mi burbuja, te escucho pero las palabras rebotan y vuelven a ti. Sin más, sin frustraciones ni enfados.
Yo ya aprendí a no gastar energía en donde no quiero, yo ya aprendí a no sostener bucles de otros ni míos, yo ya aprendí a escuchar, valorar y a no dejar que me «toque». A que puedo equivocarme sin dramatizar, que puedo cambiar de opinión una y otra vez, reconocerlo y seguir.
Sigo mi camino. Mi carga es mía, me gusta llevarla. 🙂
Otoño
Tardes entre Vivaldi y Yiruma. 🙂
El regalo ‘feo’
El momento es perfecto tal como es, aunque duela, aunque todavía no lo entiendas.
No hay destino ni suerte.
Todo lo que está fuera, está a su vez dentro, aunque te duela, aunque todavía no lo entiendas.
El miedo
Me asustaba perderte pero más miedo tuve de perderme a mi.
Es así
Ser y sentir(se) son verbos diferentes.
Súper-vivencias
Incluso una persona que no sabe nadar tiene la capacidad de flotar en el agua.

Soy mi propio sol

Así, sí
Pues he descubierto que no hay mejor compañero de baile que yo.
El estado perfecto
– Qué rareza. Me he despertado extrañamente tranquila, ¿crees que es el ojo del huracán?
– No, María, es que hoy estás muerta por dentro… mira ahí, nada late.
– No late, tienes razón. Paz y calma. Era esto lo que buscaba: el estado perfecto.


