– Tú tápate los oídos y mira, ¿qué ves?
– A ver…
– Eso, qué ves.
– Nada, aquí no hay nada.

Si no hay estrellas fugaces yo me las invento
– Tú tápate los oídos y mira, ¿qué ves?
– A ver…
– Eso, qué ves.
– Nada, aquí no hay nada.
Verte, besarte, comerte, sentirte, pensarte. Es obvio, no me importa.
No importa.
Estoy buscando el plot twist perfecto para esta historia y aunque no sé cómo dejar de añorarte, hoy tengo ganas de mi.
– Lo siento, qué sorpresa.
– En realidad no, todo estaba en los títulos de crédito.
Soy mis heridas.
Las de dentro. Las de fuera.
Las enseño. Me enseño.
Y me dejo ser.