Muchos príncipes pasaron por su reino y trataron de hacerle grandes promesas.
Uno de ellos prometió traerle la eternidad, otro se aventuró a obsequiarla con la luz de la luna para que nunca más temiese a la oscuridad.
El tercero quiso conseguirle un instante, otro dejó tras la puerta de la princesa una caracola de mar, otro pretendió convertirla en una muñequita para que no tuviese que crecer jamás.
Prometieron y prometieron hasta que la princesa regaló sus promesas y dejó de creer en príncipes.

