Modus vivendi

Había entendido que coexistían dos modos de operar.

El primero consistía en la búsqueda automática e irrefrenable de la dopamina.

Consentir al anhelo, regar el deseo inmediato e inyectar en vena alivio líquido que en horas se evaporaría.

Veneno que te ejecuta con el paso a paso del reloj. Satisfacción efímera que no quita el hambre.

El segundo, sin embargo, algo más perezoso, lo guiaba la toma de consciencia: la obtención de serotonina. Limpia, lenta, equilibrada, sanadora.

Se basaba en el esfuerzo, la razón y el aprendizaje. Un bienestar que se ofrecía en un arduo viaje pero en el que brillaban cada vez más potentes la salud en el corazón y la paz en el alma.

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