– Cariño, quizás debí decírtelo desde el principio, pero yo quiero una vida extraordinaria.
-¿Y qué es para ti extraordinaria?
– Pues una vida llena de magia, de cosas geniales que te hacen sentir bien -contesté.
Y entonces pensé en sus manos tocando mi ‘Under The Bridge‘ en la guitarra, los cafés nocturnos a orillas de un Cantábrico disfrazado de tsunami, los bailes escondidos en la terraza, las competiciones (a muerte) de bádminton y los «mira que eres patosa» cuando tropezaba y venía en seguida a darme un beso en la frente.
Pensé en los mojitos de hamaca y en la lluvia de estrellas. En aquella noche de la Luna Azul.
– Amor, hay vidas extraordinariamente normales. -me dijo.
Le miré en silencio.
Sí que las hay.

