El cambio como elección y no como reacción

Alguien me explicó que hay personas que toman acción porque lo hacen desde el razonamiento y otras que solo son capaces de accionar si lo hacen desde la emoción. En este segundo grupo me encajó, y cito textualmente, «sin duda alguna».

Estaba leyendo sobre «el cambio como elección y no como reacción» y, sin buscarlo, la maquinaria se ha puesto en marcha.

La mayoría de las personas cambian cuando sienten que no pueden resistir más una situación, cuando han llegado al punto de enfermarse, cuando no pueden continuar en la misma posición en la que se encontraban habitualmente. Quizás, pienso yo, en automático.

Estoy pasando una temporada de (otro, sí) cambio interno que se está reflejando bastante en los hábitos que tenía, en cómo me estaba vinculando con otros. Me pregunto si me englobo en esa gran mayoría que cambia solo cuando el mundo aprieta y no les queda otra opción que cambiar o enfermar…

Ni siquiera me siento al límite ni considero estar cerca. Destaco en un par de cosas y una de ellas es mi capacidad de adaptación y resistencia a la adversidad, por lo que tengo claro que esa parte de emoción sigue siendo elástica, maleable y sigue intacta. ¿Entonces?

Y aquí me abrazo fuerte porque acabo de entender -o de evolucionar- una creencia que, sin querer, me estaba atando. 🙂

Necesidades vs querencia.

Durante los últimos 25 años he creído necesitar muy poco: pirámide de Maslow, un básico. Necesito oxígeno, alimento, agua, abrigo, un refugio.

Añado que no recuerdo haber podido colocar el afecto aquí, en la base. Nunca lo vi necesario; le doy importancia porque se la quiero dar, pero no lo considero vital. Si me lo quitas, no muero.

Pero, equivocadamente, estaba obviando un elemento de sostén de esa pirámide que recobré estas últimas semanas: el descanso.

Cómo pude no prestar atención a esto. Sí, en realidad lo sé. Estaba tan ocupada aliviando las cargas de otros que no prioricé en ningún momento tener tiempo para dedicarme: el aburrimiento que permite crear, mirar por la ventana, cerrar los ojos y sentir el viento, escuchar la lluvia en el patio, bailar, volver a escribir.

La esencia de todo lo que soy, lo que llevo dentro: sentir agradecimiento infinito por las cosas más cotidianas que me rodean. Sin adornos ni florituras.

Y yo lo coloqué en la querencia. Joder, qué equivocada he estado.

Lo abandoné, me abandoné. Dejé que el ego se impusiese una vez más para concebirme “ayudadora”.

Y aunque repito hasta la saciedad eso de “cada uno es responsable de sí mismo”, parece ser que no lo he practicado lo suficiente. Sin excusas, no ha sido sano durante un tiempo.

Primero uno mismo y su paz; el resto va después”. Y que piensen los demás lo que quieran.

Este cambio, por tanto, ha venido de la introspección y de la reflexión de la emoción, esa en donde ahora mismo solo soy capaz de actuar. Ha venido de entenderme abriéndome a otra perspectiva y eso ha creado un vuelco en mi sentir.

Yo lo he elegido, es lo que me apetece, es lo que estoy queriendo ahora mismo, es lo que estoy haciendo ahora mismo.

Todo encaja. 🙂

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