Los vínculos no necesitan ser explicados, los actos son más claros que las palabras.
En este contexto me hallo: escuchando acerca del concepto de reciprocidad y del porqué es necesaria.
Y yo, que no lo creo así.
Das lo que eres, ofreces lo que quieres dar, eres como eliges ser.
¿Por qué preguntarte los porqués de otros? ¿Realmente importan?
Yo, creyente firme de la libertad del individuo, veo en la no intervención, dejar que el otro sea sin intentar modificar su rumbo ni provocar una reacción.
-No me gusta lo que ha hecho.
-Díselo.
Me interesa el para qué, no el porqué. ¿Qué buscaría con eso? ¿Que el otro sea consciente cuando no lo es?, ¿acortar su proceso (si es que está en alguno) ? Que cambie una conducta, que suavice por mi lo que no le es natural, lo que no le nace. ¿Quién querría eso?
En algunas circunstancias hablar solo busca reafirmar nuestra importancia. Oh, el ego.
La coherencia reside ahí: en la capacidad de observar con calma, aceptar lo que se muestra y decidir desde la quietud qué lugar queremos ocupar.
Decidir estar, decidir no estar. En términos absolutos, a ratos, a veces. Como tú quieras.
No se trata de indiferencia, sino de entender que cada uno actúa desde su propio nivel de consciencia y que la tarea no es «educar», «corregir», reclamar ni ajustar, sino preservar la serenidad propia.
Elegir el silencio no siempre es distancia; puede ser amar la libertad del otro y la dignidad de uno mismo permitiendo que coexistan sin hacerse heridas.


