Aprendimos que las renuncias parecen derrotas y no orden, silencio y dignidad.
Aprendimos que renunciar era lo contrario a ganar, que soltar era falta de carácter, que insistir, aguantar, eran características innatas de fortaleza.
Y no todo lo que puedes sostener deberías sostenerlo. Y no todo lo que deseas merece tu fe.
Renunciar no es rendirse.
Rendirse es dejarse llevar por la realidad.
Renunciar es una decisión.
La rendición llega cuando ya no puedes. La renuncia aparece cuando podrías pero ya no quieres porque has entendido el coste que pagas: con tu calma, tu claridad, tu presencia, tu energía.
Pagas con tu ser, te conviertes en moneda de cambio.
Lo utilizas para comprar permanencia, aprobación, pertenencia o una idea de futuro que solo existe en tu mente.
Renunciar, entonces, no es un “me voy”, es un “ volver ”.
La dignidad no es orgullo: es coherencia
La dignidad es una forma de coherencia interna, una línea que no se negocia con otros, sino contigo.
Dejas de preguntarte si algo podría funcionar y te preguntas si esto me está haciendo bien, si te está volviendo más tú.
Seguir insistiendo es, en realidad, miedo: miedo al duelo, miedo al vacío, miedo a aceptar que algo no será.
Hay un punto en el que insistir deja de ser valentía y empieza a sentirse como una falta de respeto hacia uno mismo (respeto que tú defines).
La depuración del deseo como renuncia.
Existe un tipo de renuncia que no va hacia fuera, sino hacia dentro; no renuncias a una persona o a un plan sino a un deseo.
No todo lo que anhelas es una brújula que marca el Norte.
Algunos deseos son síntomas que nacen de la herida, de la carencia, de la necesidad de que algo o alguien venga a confirmar tu valor.
A veces lo que deseas no es lo que deseas; es lo que crees que te daría: calma, seguridad, cierre, validación, en fin, la fantasía.
Y no estarás eligiendo desde dentro sino que intentarás aliviarte con lo externo.
A veces, renunciar a ese deseo no es apagar el corazón. Es limpiarlo.
A veces soltar no es renunciar a lo que quieres, es renunciar a querer desde un lugar que no te construye, te rompe.





